viernes, 30 de septiembre de 2011

Lunes 1/8 - Día 2 : Carmen

Me levanté a desayunar cerca de las ocho. Mientras revolvía el café y desplegaba la manteca en las tostadas de pan negro, escuchaba de rebote la charla (en inglés) de tres mujeres frente a mí y las intervenciones de la cocina del hostel sólo con una de ellas. En medio de la charla, me vi incluído casi por accidente, cuando me miraron buscando risas cómplices. Yo seguía revolviendo el café y desplegando la manteca. Así la conocí.
Carmen tiene 57; casada, dos hijos y una nieta con la que está viajando, de 13 años. Es quiteña, pero vive entre Dallas y Houston. Su tono ecuatoriano es inconfundible, mezclado con un inglés que tuvo que mamar de raíz en Estados Unidos, donde se fue hace más de dos décadas siguiendo a su marido. Vuelve a su tierra al menos una vez al año durante un largo rato. Ahora la tiene ocupada su nieta (que es la primera vez que sale del país del norte) pero tiene tiempo para ver si se vende un terreno que tiene en uno de los extremos de la ciudad, reprender a la de la inmobiliaria que le infla el precio para morder más comisión; y de irse a bailar por las noches y servir de guía de turismo a un pibe argentino que está de paso por éstos pagos.
Desde las 10 de la mañana iniciamos la salida con una caminata hasta el Metrobus local rumbo norte. Antes de pasar a borrar un número de teléfono del frente de su terrenol, pedimos permiso para entrar al Monumental, renovado estadio de la Liga Deportiva Universitaria de Quito. Impecable. Una bonita ecuatoriana nos da el paso por unos minutos y nosotros agradecemos. Después de graffitear los números de teléfono donde le llegaron ofertas por su terreno (me habla de que pide 100 grandes) vamos a buscar el bus que nos lleva a la Mitad del Mundo (no literal, pero casi).
En todos los trayectos Carmen habla. Le gusta tanto como bailar. Hablamos de muchas cosas de la vida: familiar, conyugal, laboral. Su historia es compleja e interesante.
Al llegar me dispongo a recorrer el lugar. Ella aguarda afuera; ya conoce el sitio de memoria. Camino y hago unas fotos. El trípode responde como siempre. Algunos me miran raro. Enfoco, apunto y corro solo para la foto. Esa es la clave para el viajero en soledad; para mechar fotos personales con tantos paisajes y postales al azar.
Decidimos almorzar juntos antes de volver al hostel. Así, tomamos el bus de regreso (U$S 0,25 por 30 kms....razonable, no?) y le va indicando a los gritos a la Srita. que viaja junto al chofer donde necesitamos bajar. Carmen no acostumbra tomar el transporte público. Me cuenta que aprendió hace poco porque siempre se manejó en auto; y la ciudad cambió tanto que a veces no sabe por dónde anda. Finalmente nos indican bien y estamos cerca de donde queremos.
Caminamos unas cuadras; y entre la gente al pasar alguien me dice: "Verón!" y ríe. Caigo unos segundos después y no llego ni a mirar. Carmen no conoce a Juan Sebastián. Le doy las explicaciones del caso. Supongo que al corte de pelo lo ayuda la casaca albiceleste que hoy llevaba. Igual no me veo parecido, pero ya son varios los que lo citan. Nos sentamos en un pequeño restaurante y degustamos un ceviche de camarones más que delicioso. Desconocía que se acompañaba con pochoclo. Raro; pero buen complemento finalmente.
Luego de unas cuadras más llegamos al hostel. Acordamos que, luego de un descanso, haremos un recorrido por el centro histórico, pero al rato el diluvio vuelve a bañar Quito, con lo cual alargo la siesta.
Ya entrada la noche pienso en salir a comer algo. Mientras leo, diviso a Carmen sentada en la Pc con su nieta. Intercambiamos un diálogo y me pregunta qué quiero comer. Confiesa haber comido un "sanduche" (así se le dice aca) con un café y me pregunta si quiero uno; que compró previamente teniéndome en cuenta. Me voy en agradecimientos y solo me dispongo a comer. Me alcanza un plato y calienta café para mí y te para su nieta. Dice que no me preocupe; que me atiende porque puedo ser su hijo. No le falta razón.
Carmen tiene 57; casada, dos hijos y una nieta con la que está viajando, de 13 años. Y es uno de esos mágicos personajes que Ecuador me tenía preparado.

martes, 2 de agosto de 2011

Sáb 30/7 - Dom 31/7 - Día 1: El viaje

Otra vez la amenaza de ceniza presente en las noticias. Si no son las huelgas de las azafatas, los reclamos salariales de los transportadores de equipaje; siempre hay algo para sumarle incertidumbre a los viajes. Si bien las últimas 48hs se venía operando con normalidad, llegué al aeropuerto con confianza; pero aún así con vacilaciones latentes. Los carteles que no indicaban demora me motivaron a despachar rápido y seguirlos con atención durante el rato que faltaba. Todo fue en orden y, después de varias experiencias traumáticas (ver Diarios de viaje anteriores), embarqué y despegué a horario. Tampoco tuve que lidiar con niños llorando cerca durante el viaje, ni un compañero/a de asiento molesto/a, lo cual fue aún mejor.
De todo lo que tuve que preocuparme fue de elegir un guiso de pollo con vegetales vs. otro plato que mi memoria desechó fácilmente por no ser digno de recordar; y analizar qué película quería para pasar el rato. Opté por "Hangover". No la había visto y aprobó. Esperaba más de todas formas. Dado que el tramo hasta Lima constaba de 5 horas y 5 minutos, decidí clavarme otro film. Fui por "El Hombre de al lado" (Daniel Aráoz). Error. Tuve que verla entera sólo para saber en qué momento la historia cambiaba de rumbo. Nunca pasó. Mi compañera de asiento, gringa ella y alérgica al gluten, degustaba una banana con dulce de leche que traía de canuto a la par de mi adormecimiento con la película y de la turbulencia que nos guió mientras cruzamos los Andes y hasta arribar a destino.
Llegué a Lima alrededor de las 23:30; y ahí sí empezaba el bache del viaje. El vuelo a Quito no saldría hasta las 6:15 AM, por tanto tenía un rato para entretenerme. Faltaba descubrir con qué. Aún tenía hambre, así que mientras deambulaba por el amigable aeropuerto peruano, compré algo más para comer, y luego de ver también un pequeño show de música andina, claudiqué en un trío de asientos para expandir mi cuerpo y dormitar un poco hasta ver en qué puerta se asignaba el vuelo. Finalmente, y conociendo ese dato unas horas más tarde, mudé mi poker de contracturas acumuladas a otro juego de asientos de cara a la puerta 25 y me dispuse a esperar el llamado, que vendría en unas 2 horas. Embarqué 5:40, en un avión a medio llenar. Antes del despegue me reacomodé en una fila de asientos vacíos, para disponer de una ventanilla que me dejara ver los Andes cuando llegaramos a Ecuador. En 2:05 estábamos descendiendo a destino; y los picos nevados se hicieron más que presentes. Esbeltos, blancos y omnipotentes; se fueron encadenando en ese fin de ruta, que luego de varias maniobras interesantes y hábiles por parte del piloto a cargo, desplomarían el avión con mucha calidad y sin sufrimiento en el aeropuerto internacional de Quito.
El hostel me recibió de la mejor manera y no pensé más que en descansar un rato, a la par de lo que (en ese rato) se desataba una furiosa tormenta sobre la ciudad. Salí después a comer algo, con todo cerrado y sin muchas más opciones que ir a un fuckin' shopping para caminar un rato. Hostel, ducha calienta, cena y al sobre. Espero que mañana el sol invada Quito.

domingo, 10 de julio de 2011

Hombres de amarillo

Desconcierto e indignación son las primeras sensaciones que se me presentan, terminada la jornada de votación. Me gustaría, antes que nada, felicitar al 47% victorioso de hoy; y pedirles (a alguno de los valientes votantes macristas, defensores de la democracia, la justicia social y la equidad) que me cuenten al menos 5 argumentos sólidos y lógicos que justifiquen la inclinación electoral en favor suya, porque realmente no se me ocurren muchos.



Pero bueno, disfrutemos 4 años más de los hombres de amarillo, y alarguemos ésta hermosa lista de anotaciones que tiene MM en su currículum, sin contar los anteriores acontencimientos previos a su primer mandato como Jefe de Gobierno.

- Está procesado por asociación ilícita dedicada al espionaje ilegal, con Ciro James y sus secuaces
- Imputado por maltrato y amenazas a indigentes en situación de calle; a través del manejo y fundación de la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), la cual se vio obligado a disolver cuando salió a la luz (excusándose en que lo hizo por una "reforma organizativa" dentro de su gobierno y no por las múltiples denuncias).
- Designó para estar al frente de la Policía Metropolitana a Jorge "Fino" Palacios, acusado de delitos como incumplimiento del deber de funcionario público e incumplimiento del deber de persecución del delincuente; procesado en la causa AMIA por encubrimiento y acusado de espionaje usando estructuras del gobierno. Una vez desvinculado Palacios, eligió para sucederlo a Osvaldo Chamorro, a quien terminó separando por también estar vinculado al espionaje.
- La Policía Metropolitana adquirió durante su gestión cinco pistolas Taser, que producen descarga eléctrica. Dichas armas fueron cuestionadas por el Comité contra la Tortura y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por considerar su uso como método de tortura. El Ingeniero declaró "Claro que sí, vamos a probarla y la verdad es que hay demasiado prejuicio y opinión superficial".
- Recortó la cantidad de becas estudiantiles que otorgaba el Estado hasta el comienzo de su administración, obligando a los estudiantes a obtener un "Certificado de Pobreza". Muy digno, no?
- No contento con subejecutar el presupuesto de educación de la ciudad en un 40% en lo que refiere a infraestructura escolar; transfiere fondos presupuestarios a favor de la educación privada, relegando la educación pública, una vez más. En 2007, último año de la gestión Ibarra-Telerman, la Ciudad usó 137,7 millones de pesos de los 149,2 millones presupuestados para Infraestructura y Equipamiento de Educación, es decir, un 92,29 por ciento. El año pasado, de los 525,2 millones presupuestados se ejecutaron apenas 212 millones.
- Con antecedentes como el del Indoamericano, también subejecuta el presupuesto de vivienda, sumando incumplimiento a sus PROmesas de viviendas de a montones. A febrero de 2011, sobre 269 millones de pesos, el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) ejecutó 74 millones: el 27 por ciento. Impecable.
- En 2009, diputados opositores lo denuncian por licitaciones irregulares, acusándolo de favorecer a empresas familiares en las diferentes adjudicaciones.
- Bicisendas. Como no tenemos problemas de tránsito, le sacamos carriles a las calles más transitadas. Total...podemos tomar los subtes que se expandieron 10 km anuales desde que asumió MM. Ah, no?
- Subtes. En noviembre de 2007, promete realizar 27 km de subtes. Hizo, en cuatro años, apenas 1. Se excusa en la falta de financiamiento; y me pregunto. En 2007 tenía una chequera en blanco?


Va a estar bueno, Buenos Aires. Juntos venimos bien.
Lamentable.


http://www.youtube.com/watch?v=Jf3NfnsHzek

viernes, 10 de junio de 2011

Algún día...

...quisiera despertarme dentro de mi sueño más simple,
...quisiera abrazar al que vive dentro de mí,
...quisiera tantear el cielo con la manos,
...quisiera sentir el aroma de la confianza,
...quisiera dar la vuelta al mundo sin límite de días,
...quisiera nadar hasta el final,
...quisiera entender el laberinto,
...quisiera cruzar la frontera de la mente,


...quisiera escaparme.

sábado, 28 de mayo de 2011

Los duraznos

"...Los duraznos no integraban la lista que llevaba, pero eran una oferta y le pareció recordar que en el almacén de la esquina de su casa los vendían 35 pesos más caros. Inconscientemente, sin saberlo, había reafirmado una de las premisas de la moderna comercialización al menudeo. Es suficiente acumular en lugares estratégicos de cualquier supermercado una cantidad apabullante de objetos del mismo tipo y de igual presentación con un cartel que los anuncie como oferta, para que 7 de cada 10 clientes se transformen en sus compradores infalibles."

"La Voluntad" - Anguita/Caparrós - Tomo I - Pág. 288

miércoles, 16 de febrero de 2011

Chile - Perú : Cusco

Quería dormir un poco más aprovechando que no tenía ninguna excursión, pero recordé que el desayuno se sirve en horarios acotados así que comencé el día entre las nueve y media y las diez. Bajé y me serví un cafe con leche al que acompañé con pan y manteca, más dos fetas de jamón (jamás en mi vida diaria desayunaría con jamón, pero aprovechando todo lo que le ponen a los gringos para satisfacerlos y que se sientan como en casa... hice la prueba). Mientras desayunaba pensaba qué hacer. Me había pasado factura física el ascenso de ayer al Putucusi. Opté por terminar y volver a pensar en mi cuarto. Finalmente me incliné por ver qué me faltaba recorrer dentro de los principales atractivos de la ciudad. El tema es así: cuando uno llega y tiene todo contratado, te dan el "Boleto turístico del Cusco"; que incluye una serie de lugares a los que se puede ingresar sin pagar nada más que lo ya contratado globalmente. Está bueno porque incluye casi todo lo interesante que hay en Cusco. Me percaté que me faltaba visitar varios museos, por lo cual opté por ese plan para mis dos días libres en ésta localidad.

Me abrigué escasamente (sobre la remera corta, mangas largas y chaleco) pero era demasiado. Era temprano pero sorpresivamente el sol que brillaba estaba fuertísimo y me deshice del pseudoabrigo rápidamente. Al caminar llegué al Centro Artesanal, donde se reúne la mayor cantidad de vendedores como en otros "paseos" del mismo tipo que se pueden encontrar por aca. Lo recorrí rápidamente y salí. Recordé que también me había propuesto visitar el estadio del Cienciano (N de R: equipo de fútbol peruano que oficia de local en Cusco). Me habían dicho que quedaba cerca. En un semáforo le pregunté a un pibe y me dijo que sólo me separaban tres cuadras de la cancha. En efecto, tres bloques de cemento abajo se encontraba el estadio. El chofer de la empresa que me trajo hasta el hotel el día que llegué me había advertido que el estadio estaba cerrado todos los días, con la lógica excepción de los partidos. Así, había pensado ver algún match, con la mala suerte que jugó el domingo mientras yo hacía el tour y ayer mientras yo regresaba de Aguas Calientes. De todas maneras me aproximé al lugar con la idea de ver la estructura y lo que chingada pudiera. Realmente al llegar me di cuenta que era como si nada. Parece muy chico; y feo. Más que cancha, parece un potrero encerrado por muros y con luces grandes. Pasé por toda la calle frontal hasta la esquina, divisando a mitad de cuadra la entrada (efectivamente cerrada) donde habitaba una suerte de veterano portero y había algunos autos de poca importancia estacionados. También alcanzaba a ver un cartel que anunciaba la remodelación del estadio. Saqué dos fotos (feas comol la estructura misma) y crucé hasta la entrada. Miré un poco para ver si se veía algo; y casi a punto de irme decidí intentar dialogar con el portero; que encima se había metido en una suerte de casilla. Golpeé la puerta con los dedos sobre la reja, y vino hacia mi.

Yo: Hola amigo (dixit), qué tal?
Portero: Buenos días
Yo: Se puede entrar a ver el estadio? Soy turista argentino...
Portero: Argentino? (piensa por un minuto y saca la llave en sentido directo a la cerradura)
Yo: Sí, de Buenos Aires. Me dijeron que no se podía visitar estos días, por eso le preguntaba (hablé mientras abría)
Porterocopado: Sí. Ningún problema. Pase a mano izquierda.

Increíblemente y contra todos los pronósticos, estaba dentro. Al subir las escalinatas y divisar la inmensidad del estadio vacío, me sorprendí por el tamaño real. Es bastante grande. El césped brillaba de verde tal como lo había visto en el resumen de la fecha por la Tv peruana el día anterior. Saqué dos fotos y vi que al pie de la platea descansaban cuidadores de la cancha y gente de mantenimiento. Tiré alguna foto más y bajé paralelo a ellos iniciando así la segunda fase de mi plan. Mientras miraba a mi alrededor; la única mujer de ese grupo me grita:

Mujer: Amigo, quiere entrar?
Yoinocente: Se puede?
Mujer: Sí, por un solcito para tomar algo se puede ingresar.

Me aproximé al grupo de siete u ocho que eran y le dije la cruda verdad. No tenía un sol partido por la mitad. Había gastado lo último el día anterior y tenía que cambiar; lo cual pensaba hacer antes de entrar a alguno de los museos. De todas formas ahora quería entrar. Fui a por ello y empecé a charlar con ellos. Hablamos básicamente de fútbol, de la altura, de las finales que Cienciano le había ganado a River y a Boca, de las selecciones, etc. De repente, después de unos intensos diez minutos de charla, dos del grupo se fueron a seguir trabajando e interrumpieron el descanso. Se iban a empezar a ir de a uno y yo seguía ahi, del otro lado del alambrado. Entonces pregunté:

Yo: Bueno, entonces se puede entrar?
Unodeellos: Sí, venga conmigo.
Yo: La verdad que no tengo nada...si no les dejaría...tengo algunas monedas chilenas pero dudo que las quieran.
Ellos: No, está bien. Preferible nada antes que plata chilena. No hace falta.

Y así fue. El que más había hablado conmigo me acompañó y entramos a la cancha, literalmente.

miércoles, 12 de enero de 2011

Chile-Perú : Aguas Calientes-Machu Picchu

Martes 15

Todo fue puntual (como ya me han acostumbrado). A la hora señalada el chofer de Pacífico pasó por mi y me dio luz verde para partir. Me preguntó si quería viajar adelante y acomodar mis cosas atrás ya que era el único viajante hasta destino. Asentí e iniciamos nuestro recorrido que finalizaría en la estación de tren de Ollantaytambo. En el viaje fuimos charlando un poco. Era un nativo del mismo Valle, con unos ocho años de antiguedad en la empresa; casado y con hijos. Hincha del Cienciano, como casi todos por aca. Hablamos de lo que ya había visitado yo en mi viaje y me recomendó algunas alternativas. Finalmente, llegamos a la estación. Mi boleto de entrada al parque y pasaje de tren no estaban en mi poder, por lo que debíamos ver a un fulano para hacerme de ellos. Bajamos de la camioneta y empezamos a transitar un camino que terminaba en el embarque de la estación. En el medio de varias tiendas, un hombre de tez morena y estatura media, pronunció mientras me miraba, mi nombre y mi apellido... dejando implícito un signo de interrogación al fin de sus palabras. Le confirmé que era yo y viendo al chofer y el logo de la empresa me entregó todos los tickets. Ahora sí estaba listo y sin más incertidumbres. Faltaban aún como 20 minutos para las 9:10, hora en la que el tren se detendría en la estación; así que el guarda que cortó mi ticket me pidió que aguardara en la sala de espera (full of gringos). Hacia ahí me dirigí, entre la gente que abarrotaba el angosto andén. El servicio de éste tren que une Cusco con Machu Picchu está monopolizado por Perú Rail. Cumple seis servicios diarios desde la mañana, muy temprano. A las 9:08 el tren entró en la estación. Mi coche era el "C" (va de "A" hasta "E") y mi asiento el 33. Ventana. Casi como si me conocieran. Fui uno de los dos que subimos en Ollantaytambo a ese coche. No corrí con suerte. Mi asiento estaba ocupado. Retorné a la puerta y se lo comuniqué amablemente al guarda...un tal Alberto. Hombre de 50 y tantos y portador de un bigote muy bien cuidado. Al mejor estilo Porfesor Jirafales. Me dijo que me sentara en alguno libre o que lo esperar y el me acomodaría. Opté por esperarlo y ver qué hacía para que yo recuperara mi asiento. Sonó la campana de partida. El tren arrancó y Alberto subió al vagón. Fue mirando la numeración de asientos hasta dar con el 33. Corroborando el boleto que me había cortado a mi, le preguntó al individuo que yacía allí sentado cuál era su número de boleto. Sin mediar palabra y sólo señalando con su dedo índice el "33 window/ventana" que se mostraba sobre su cabeza, contestó la pregunta de Alberto. Inmutable. Con ojos caídos y casi resignado, el guarda volteó hacia mí y volvió a ofrecerme elegir otro asiento, a lo cual accedí para no seguir alargando ésta cuestión. Divisé una ventana libre y ahí anclé. Compartía con madre e hija de Boston, y su novio mestizo. Muy probablemente peruano.

El tren resultó bastante cómodo. A bordo del mismo coche estaba el flaco argentino que había conocido en Lima y había vuelto a encontrar en Pisac. Nos saludamos previo a que tomara asiento frente a las norteamericanas. Conecté mis oídos al mp3, calcé gorro y anteojos y me propuse así disfrutar la hora cuarenta y cinco que me separaban de Aguas Calientes.



Una vez en destino, mi tarea era ubicar al encargado de llevar las cosas que no iba a llevar a las ruinas hasta mi hotel y de ahí nos indicaría qué bus tomar, para juntarnos con el guía asignado en la entrada del parque. Eso hice y en breve estaba ascendiendo a Machu Picchu. Aquello que había esperado tanto tiempo estaba a veinte minutos de distancia. La entrada del parque era un verdadero y sincero despelote. Muchísimas personas bajando de los micros y buscando a los gritos a su guía. El mío era un tal Pancho. Ni daba gritarlo. Por eso me dispuse a buscarlo, y al toque a seguir de atrás a unas siete veteranas mexicanas que lo andaban buscando. Dimos con él y le entregamos los tickets. Pancho nos dio vía de ingreso y así comenzamos la visita. Ya la primera parada fue increíble. Nos detuvimos sobre una terraza de cultivo desde la cual se aprecia perfectamente la postal clásica de la ciudadela Inca. Me quedé perplejo. No podía creer lo que tenía adelante. Disparé cuantas fotos pude después de contemplarlo, y aparecí bastante mal enfocado en algunas por las malditas mexicanas que ni siquiera servían para sacar fotos. Realmente Pancho demostraba hábilmente sus conocimientos y se notaba su sentimiento andino en su peculiar forma de relatar los hechos sucedidos varios siglos atrás en ese lugar. Comentó brevemente los lugares que recorreríamos y seguimos adelante. La visita duró aprox. 2 hs y monedas. Habíamos visto casa, templos, estructuras, etc. Y también miles de personas como nosotros yendo y viniendo, perturbando el alrededor. Me enfrenté a eso y procuré escuchar cada relato del guía para embeberme aún más de la historia del lugar. Después vendría mi propio tour. Así es que al terminar volví al punto inicial y retomé el camino ya hecho, pero con algunas variantes. Me tomé el tiempo para disfrutar cada lugar y visitar nuevos recovecos. Respiré profundo varias veces para tomar real dimensión de donde estaba.

No se si puedo utilizar palabras justas para describir mis sensaciones dentro de la ciudadela. Traté de mirar en detalle y comprender el alrededor pero ciertamente mucho de lo que se ve, se percibe y se respira es inexplicable. La perfección y destreza que se observa es digna de asombro. Graficar la imaginación se hace cuesta arriba pero creo que es una de las mejores técnicas que se pueden utilizar. Mis 198 fotos no alcanzan a explicar lo que sentí, y eso es algo que no tiene precio, pero si tiene incalculable valor.

Me fui con el comienzo de la caída del sol. El último bus sale del parque rumbo a Aguas Calientes a las 17:30. Las cinco de la tarde fue la hora de abandono. Me había encontrado nuevamente con el compatriota, con quien hicimos el tour "alternativo" post guiada. Llegué al hotel con ansias de ducha. Después alrededor de las 19, salí a almorzar / cenar; ya que durante el día sólo había ingerido snacks. Una pizza napolitana fue la víctima y para las 21 ya estaba de regreso. Al mismo tiempo que escribo y finalizo éstas líneas, sigo lamentando entre dientes no poder visitar Wayna Picchu mañana temprano (es la montaña que sale en todas las postales). Tengo el día libre hasta las 17 que tomo el tren de vuelta, pero debería volver a abonar la entrada al parque (aprox. U$S 44 más U$S 14 de bus) y prefiero no arriesgarme a entrar en bancarrota y no pasarla bien los tres días que me quedan de aventura. El Estado Peruano no acepta el pago de otra manera que no sea cash y en el acto; de forma que ya tengo motivo (además del Camino del Inca) para volver a visitar estos pagos.

(N. de R: Machu Picchu (del quichua "Montaña vieja") fue declarado Maravilla del Mundo en 2007. Cabe destacar que las ruinas no pueden ser restauradas en lo relativo a construcciones; ya que cualquier mínima modificación le quitaría ese galardón).

viernes, 31 de diciembre de 2010

El diálogo

...Y a la vuelta de la esquina estaba El Recuerdo. Mirándome.

No hice más que agachar la cabeza y detener el pensamiento en el mismo instante en que se comenzaba a aproximar hacia mí. Carecí de otro tipo de reacción. Su respiración se incrementaba y casi que me tapaba completamente, sin concesiones. Me ahogaba. Las palabras se refugiaban en otra parte.

Con las cartas sobre la mesa, la negociación entró en su punto más álgido. No estabamos dispuestos a ceder. Las horas y los días pasaban, y seguíamos frunciendo el ceño, casi en continuado. Las miradas finas, pero hirientes, estaban comenzando a inyectarse en sangre....hasta que llegó la claridad. Acordamos un pacto. Asumo que ninguno se creyó victorioso, sino que sólo busco escapar. Lejos.






miércoles, 27 de octubre de 2010

El adiós

Posteriormente al último episodio cardíaco que afectó a Néstor, escuché deslizar rumores sobre su delicado estado de salud. Se comentaba que en poco tiempo podría repetir algún otro mal momento, pero con peor final.

Hoy, paradójicamente en medio de un feriado nacional inmerso en un día puramente cívico, falleció. A pesar de haber oído lo que comentaba previamente, me costó creerlo en primera instancia, hasta que ví algo más en la noticia eterna desplegada en la TV.

A partir de ahí fue pensar en muchas cosas.

Cada voz que empezó a aparecer para dar su más sentido pésame a Cristina y el resto de la familia, esgrimió argumentos sumamente válidos para homenajear al ex-presidente; recordándolo como un "animal político" y como un apasionado de su trabajo. También como un gran presidente. Me extraño escuchar ésta última definición de personajes que lo han denostado una y otra vez, pero que decían hoy que más allá de las diferencias no podían negar sus cualidades; cuando nunca antes se les hubiera ocurrido resaltarlas. La falta de argumentos políticos siempre pudo más.

Pensé en Cristina. Pensé en el camino que le queda por recorrer, que no dudo que culminará en tiempo y forma; pero sí pongo en tela de juicio lo que vendrá después. Se me ocurre la reconfirmación de todo lo que se viene haciendo de 2003 a la fecha, con aciertos y errores, en cabeza de la misma mujer; porque no veo otro capaz de heredar la marca y la personalidad de dirección de cualquiera de los miembros del matrimonio. También pienso en la caída paulatina de éste proyecto de país y en una vuelta a cosas del pasado, bajo la sombra de nuevos mandatarios.


Recordaré a Kirchner como el artífice de la mejor presidencia desde el regreso de la democracia. Como aquel que tuvo el coraje de encarar ciertos caminos nublados, y combatir a rivales de considerable tamaño. Como el que buscó volver a equilibrar algunas balanzas que habían perdido de vista las unidades de medida, y el sentido de su propia medición.

Que en paz descanse.



miércoles, 14 de julio de 2010

La manada naranja

Hoy caí en desgracia. Venía transitando las calles de Buenos Aires y me topé con una manada naranja enardecida, que para mí sorpresa, no respondían a la selección holandesa, segunda en Sudafrica. Bailaban, curiosamente, al ritmo de Waving Flags, pero nada tenía que ver con el mundial. Resaltaban sus carteles, pancartas, y voces enaltecidas en los micrófonos.

Empecé a preocuparme al escuchar las primeras consignas, y divisar las primeras letras en las pancartas. Pensé que el cuento de las divisiones y segregaciones empezaba a quedar en el olvido, pero ví que muchos, fervientemente, consiguen devolverlo a nuestros días.

Mientras cruzaba en una casi prolija fila a través de todos, sufrí algunas conversaciones al pasar. Ví una sra. que llevaba un pin en su solapa que decía "Todos con el campo". Me pareció ver figuritas repetidas y relaciones muy estrechas entre distintas situaciones. Ahí nomás empezaron los pedidos en oración a través de los altavoces. Paradójicamente, pedían por la igualdad. Pedían por la familia. Y lo más loco de todo, pedían por la inclusión social. Todos gritaban "Sí" al unísono ante cada peculiar petición.

El termómetro de mi preocupación llegó a marcar fiebre.

Llegué al éxtasis de la locura cuando prendí la TV.

TN titulaba "Multitudinaria movilización a favor del matrimonio heterosexual". Me pregunté por qué no tenían los huevos para publicar lo que en realidad estabamos viendo. Una marcha en contra del matrimonio homosexual, y la potencial adopción. Lamentablemente, no me extrañé de lo visto en pantalla. Bastante esperable.

Es raro. Lo más raro de todo es el levantamiento de la Iglesia, y de su comunidad más estrecha. De ese mismo sector de la comunidad relacionada con la Institución que avaló tantas atrocidades, y ahora se jacta de pedir por los derechos de los niños. Niños a los cuales la ley en discusión les abre un abanico más amplio de cariño, amor, contención, afecto, etc. La misma Ley que busca considerar a todos como lo que somos, primero personas y luego individuos que eligen la condición sexual que más les guste, y por la cual no deben resignar ningún tipo de derecho, sino incorporar todos los vigentes y necesarios. Pero parece que a muchos no les interesa. Es mejor así, que sigan siendo diferentes. No vaya a ser que los chicos dados en adopción a parejas del mismo sexo sigan la tendencia ofensiva de sus padres. Que no tengan la misma "enfermedad". Cuánta ignorancia. Entiendo la necesidad de expresar su disconformidad, pero por lo menos estaría bueno escuchar un argumento lógico, más allá de "Porque Dios lo quiso"; "Porque es natural" y demás sentencias.

Ya tuvimos suficientes ejemplos en donde no importó la opinión y el reconocimiento de las denominadas minorías. Ya sabemos de qué se trata y en qué termina. Es lamentable escuchar a ciertos voceros decir que ese tipo de manifestaciones no son contra los homosexuales, y que tienen derecho a vivir su vida como quieran. Estaría bueno que digan lo que realmente pregonan. Que se saquen la careta de la hipocresía y digan que no soportan al que piensa distinto.

Ya sabemos que no existe un modelo perfecto de pareja. Ya sabemos, y con mucha experiencia, que hay padres/madres heterosexuales que ejercen violencia física con sus hijos, abusos sexuales, abandonos, humillaciones, y demás barbaridades. También le van a echar la culpa a los homosexuales por eso?


Y sin ánimos marketineros como las pancartas mencionadas, les recuerdo algo que marca la declaración de UNICEF:

"Los niños tienen derecho a crecer en una familia que les dé afecto y amor."
"Todos los niños tienen derecho a una familia."
"Todos los niños tienen derecho a la igualdad"


La familia no es sólo mamá y papá.

lunes, 5 de julio de 2010

Carta abierta

Querido Diego, cuerpo técnico y jugadores:

Después de cuatro jornadas llenas de alegría y sonrisas interminables, la tristeza y la desilusión llegaron para quedarse. De la forma menos pensada, pero sin discusión alguna, el cachetazo final fue demoledor y contundente. Ustedes lo saben mejor que nadie. Lo decían sus caras, y sus voces quebrándose ante los micrófonos.

Llegaron, una vez más, a la venenosa fase de cuartos de final. Esa que en los últimos tres mundiales, nos había dejado dos veces afuera. Esa que todos veíamos como el obstáculo más difícil de los tres pasos finales en el camino hacia la Copa.
Una práctica selección alemana, que ganaba casi desde antes de cantar los himnos, se aprovechó de las falencias del equipo, que no tuvo ideas para encontrarle la vuelta al primer golpe recibido, y que terminó de caerse con el segundo gol, que llegó en el mejor momento albiceleste. Ahí maduró el knock out. Ya jugados en ataque en busca del descuento, Alemania se aprovechó de Argentina y liquidó la cuenta con dos goles más que le dieron al partido un tinte histórico.
Los millones de habitantes de éste país que estábamos frente al televisor (casi recibidos de directores técnicos, como siempre), volvimos a sugerir cambios desde el inicio, variantes durante el partido, y a derramar decepción a medida que pasaba la segunda mitad, y el árbitro no ponía fin a ese martirio deportivo. Pero ya no hay vuelta atrás.

Por eso, y a pesar de todo, quiero expresar mi satisfacción. Estoy satisfecho por la entrega, por el sacrificio, las convicciones y el compromiso. Si bien creo que podríamos haber dado un poco más en ciertos puntos generadores de discusión, siempre fuimos al frente y a buscar los tres puntos. Como cada cuatro años, todos nos identificamos con ese grupo de 23 que iría en busca de la gloria. Colgamos las banderas, compramos camisetas, televisores más grandes, y nos pintamos la cara de celeste y blanco. Nos juntamos con amigos, compañeros de trabajo, o simplemente sufrimos en soledad a la distancia cada minuto que ustedes disputaban sobre el verde césped sudafricano. Espero que alguna vez entendamos que toda la euforia no debe ser sólo colocada en el mundial, sino todos los días en busca del bienestar para todos, pero esa es otra historia. Nos fuimos en cuartos y Ezeiza explotaba de gente que sólo quería agradecer lo hecho en otro continente.
Nos queda aprender de lo ya hecho, y pensar a futuro. Entender que hace 24 años no somos campeones del mundo y que Maradona hubo uno sólo. Que Lionel, el mejor del mundo, no es mago y que necesita diez leones que jueguen con y para él. Que vos Diego, como tantas otras veces, te vas a volver a levantar y nacer nuevamente de las cenizas. Hablar con el resultado puesto y el diario del lunes es lo más fácil en estas horas. Elijo apoyarlos y bancarlos, en las buenas y en las malas, y esperar que todos juntos vayamos para adelante y nos encontremos en cuatro años en Brasil, para la gesta de un nuevo Maracanazo.


lunes, 14 de junio de 2010

Alrededores

Me di cuenta que eran muchas imágenes, y muchos colores.
Me di cuenta que había música en el aire, sonidos inolvidables.
Me di cuenta de los aromas, los gustos y las sensaciones.
Me di cuenta de la libertad. De las preocupaciones reales.
Me di cuenta de la pureza, la mirada profunda y la ternura.

Hoy, me di cuenta del entorno. Miré alrededor. Miré al espejo.
Hoy, me di cuenta de los límites, las presiones y las barreras.
Hoy, me di cuenta de la preocupación, de la tristeza y de la desilusión.
Hoy, me di cuenta de la mentira, la hipocresía y la soberbia.
Hoy, me di cuenta que casi olvidé como fue todo en un principio.

Casi de golpe, me di cuenta que crecí.

martes, 23 de febrero de 2010

Palabras más, palabras menos

Cada vez que paso por éstas líneas ya escritas, y sabiendo que siempre hay algunas más por venir, me pregunto qué podría escribir el día de hoy (sabiendo que tengo ganas de expresar muchas cosas, desde hace rato, pero siempre terminan flotando y sólo plasmadas en el mismísimo éter). Cada vez que repaso algunos blogs que sigo, pienso también en otras tantas cosas que me bajan en ese momento y, últimamente, siempre falta el click para poder empezar a contestar o relacionar directamente desde éste espacio.

Es cierto también que a veces no logro discernir entre temas que creo tienen más prioridad que otros, y que necesariamente deben ser expulsados por estar desbordando de indignación o por el simple de hecho de saberlos escritos para poder releerlos y pensarlos de vuelta en una próxima ocasión, o viaje de repaso de lo ya volcado.

Lo real es que todos los días son merecedores de al menos cinco renglones. Pero no se hacen realidad.

Hay muchos días seguidos en los que privilegié el silencio. Tragué vocal a vocal, con un jugo de consonantes, todo juntito y sin respirar. La bocanada de aire llega al final, qué paradoja. Me arrepentí de cada uno de los minutos seguidos en que elegí callarme. Tarde o temprano llega la factura y el saldo es un poco más complejo en la balanza con el dinamismo que hubiera logrado pagando al contado, y expulsando en el momento correcto cada palabra de mi boca.

Hay otros tantos en que escucho los gritos salir de adentro. Retumban, sin eco. Constantes y apremiados.

Ya van a salir.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Adiós 2009

Es preciso saber que no solamente termina un año, sino que empieza otro. Es preciso saber que todos los lazos que generamos, mantuvimos y profundizamos los últimos doce meses, tienen una oportunidad para ser afianzados en el próximo tiempo. Es preciso entender que los balances no son siempre necesarios, sino que son un aliciente más de éste tibio pero marketinero cambio de año, e incluso de década. Es preciso mirar para adentro y sabernos satisfechos por lo que hemos hecho, pero también conformes con lo que hacemos todos los días y esperanzados por lo que haremos mañana. Es preciso nunca olvidar, entender, reflexionar y querer modificar. Es preciso alzar las copas por aquellos que no están a nuestro lado hoy brindando, pero sí están brindando en otro lado, o nos guiñan el ojo desde arriba, presentes en nuestros pensamientos como en cualquier otro día. Es preciso gratificarnos con saludos y caricias del alma, que tan necesarias son en tiempos como los que corren, donde lo que ya parece no importar, sigue siendo lo más importante que tenemos. Es preciso entender que no todo tiempo pasado fue mejor, si no que lo mejor, está por venir.

Nueva York - Día 5

Había pactado la visita a Harlem, y partía a las 10 AM. Me desperté tipo ocho y media, pero como es mi sana costumbre dormité un rato más y me levanté con el tiempo justo, diez menos veinte. Bajé y mientras tomaba un café encontré a los japoneses que revoloteaban por ahí, y también venían al barrio originario de Arnold y Willis Jackson. Además, estaba el alemán siempre dispuesto.

Crucé el umbral del lobby y ya había un viejo recaudando los diez verdes per cápita que salía el tour. Para mi sorpresa; ese mismo sujeto que apenas podía hablar, sería el guía por unas horas. Parecía amistoso. Cuando me preguntó de dónde era y le respondí, asintió con la cabeza y me dijo "Ah, macanudo" con buen acento latino. Tomamos el subte, uptown con destino a la primera estación del Harlem. Bajamos y empezamos a caminar por la "mejor parte" del barrio. Aca viven los nativos originales de Harlem que si bien nacieron aca, en su mayoría tienen buenos laburos ó son profesionales, ganan algo más de guita y buscan diferenciarse del resto. Muy buenas casas, en general de tres pisos más sótano, y casi todas valuadas más allá del medio millón de dólares. El tipo nos contó que laburaba en el negocio de bienes raíces hasta jubilarse; y por eso estaba bastante en el tema de las cotizaciones. Nos fue contando la historia del barrio desde la fundación holandesa de la ciudad hasta mitad del siglo pasado, con preciso detalle.

Alrededor de las 12:30 - 1 el tour terminó; y cada uno se fue para lados diferentes. Yo fui el último en hablar con el veterano, dado que iba para Penn Station y él un poco más arriba, bajando dos estaciones antes que yo. Aproveché para preguntarle por Washington, Filadelfia y otras cosas; y me contó un poco de sus más de tres visitas a Argentina, una de ellas en su luna de miel. Hablamos un poco de política también. Le pregunté por la gestión de Obama y me dijo que todos confían en él, pero que desde su punto de vista tendría que ser más firme con sus proyectos y decisiones, y no tan conciliador. Que se gana los problemas solo. Me preguntó un poco de los Kirchner y allí arrancó con el castellano de corrido. Me dijo que lo aprendió en México, donde fue un tiempo con ese fin (de hecho sabe mexicano, no castellano). Nos saludamos prometiendo reencuentro en el tour que él mismo guía el viernes al Bronx.

Me fui directamente para Penn Station en busca de la zona de Union Square, con destino final Empire State. Tenía hambre asi que clavé un cuarto de libra frente al Madison Square Garden y después, tiendas mediante, me encaminé al edificio. Pagué 31 verdes (con descuento de estudiante) por el ticket + audio tour. Te dan como un handy de radiotaxis que te cuenta toda la historieta una vez que estás en el observatorio del piso 86. Hay un número en cada punto cardinal y Raquel (la mina que se te presenta en el handy) te cuenta y detalla cada edificio que ves, con historia agregada.


Cabe aclarar que cuando te dan el handy te preguntan de dónde venís; para saber en qué idioma te hablará la carismática Raquel. Está todo bien pensado para ser ameno al turista (que obviamente les da de comer). Estuve casi hora y media calculo. La vista es tremenda y la historia interesante. Raquel hasta te ubica entre los rascacielos el punto exacto donde deberían estar físicamente las Twin Towers. Se pusó ventoso y frío el asunto allí arriba con lo cual lo primero que hice al salir fue ir por un café al populoso Starbucks. Nada de canela, vainilla, o boludeces afines. Me pedí un café con leche. Básico pero rendidor.


A la vuelta recorrí un poco más la zona y volví por Times Square. Realmente es imponente y hay mil cosas ahí para ver. Debo volver con más tiempo. Hoy entré a ESPN Zone. Tiene cuatro pisos; todo restaurant, menos el último. Tenés ahí varios fichines deportivos donde pagando unos dólares jugás a lo que quieras, desde basket hasta hockey, baseball o fútbol americano.

Volví hecho bolsa. Caminé zarpado. Había quedado con Chris (el de New Orleans) en ir a ver a una banda, pero no quiso porque dijo estar cansado. Le pregunté si jugaba al pool y me dijo que era horrible. Hablamos un toque y le que iba a llamar por tel y después lo encontraba en la sala de la TV (alta pantalla). Hablé, revisé los mails y vine al cuarto. Que le vaya bien. Igual mañana se va.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Nueva York - Día 4

Arranqué tarde, como a eso de las diez. Desayuné y, sin tour mediante, me fui para Times Square, pero más para el este... cerca del Midtown. Me propuse intentar recorrer toda la zona el día de hoy (es la parte más comercial, donde se destacan las tiendas de las grandes marcas internacionales y, entre otros, el Rockefeller Center).

El primer punto de visita siguiendo mi guía era el edificio de Naciones Unidas. Está cerca de la costa, con lo cual tuve que patear bastante. Para colmo, llegué, y después de algunas fotos de rigor, percibí que no había visitas permitidas hasta tres días después. Garrón. Seguí mi camino y después de unas cuadras más, llegué al Queensboro Bridge. Mediante una cabina, simil teleférico, que viaja a la par de los hierros del puente, crucé a Roosevelt Island y me senté un rato a contemplar el río y la ciudad desde otra perspectiva. En la isla hay algunas casas y varios complejos deportivos. Buena onda.

Al regreso de la isla caí directamente en la 5th Avenue. Ahí donde vivían Arnold, Wills, Kimberley y el Sr. Drummond en Diff'rent strokes. Hay diseminadas por ambas cuadras de la avenida las más grandes marcas de todo el mundo. Dando algunas vueltas encontré el negocio que busqué con la imaginación desde que supe que iba a visitar NY: el NBA Store. Hay dos en todo el mundo; ése yankee y otro en China; a donde llegó de la mano de Yao Ming hace algunos años después de que el oriental desembarcara en Houston Rockets, y comenzara a dar que hablar, al mismo ritmo que vendía camisetas. Me podía quedar a vivir días enteros en ese negocio, tirando triples y dobles en el juego que tienen a disposición de los clientes.

Fue un día harto yankke. Almorcé en Friday's con todas las frituras a mi alrededor y meseras que te daban un altísimo speech apenas te sentabas. Entré a dar unas vueltas por Bloomingdale's (no se a qué, pero entré) y vi de cerca el poder adquisitivo de la clase alta neoyorquina y de todos los turistas que sueñan con caminar esas veredas repletas de estilo y elegancia al ritmo de Versace, Cartier y demás yerbas.
Todo ésto, rodeando al imponente Rockefeller Center, ahí dónde cada Navidad se instala un árbol gigante y todos patinan a su alrededor. También cerca están el Hotel Plaza (dónde se hospedó en forma fraudulenta Kevin Mc Allister en Home Alone 2), la gigante juguetería Fao Schwarz, y Apple...la joyita del Midtown.

Volví al hostel, exhausto. A las 9 ya estaba arrancando otra vez con algunos vagos y un joven local, Tim, que nos llevaba al Pub Crawl, una suerte de mini gira por los bares del barrio, de copa en copa. Yo no había probado bocado dada la temprana hora, y los tipos ya pensaban en escabio. Nos detuvimos a las pocas cuadras en el primer bar, dónde hice algunas migas con Christian, oriundo de Colonia, Alemania; y su apócope, Chris, de New Orleans. Charlamos un rato mientras yo degustaba una pizzeta y ellos chupaban como esponjas. En el tiempo que yo ingerí una Corona, los vagos iban por la cuarta. El yankee le ponía ganas y el alemán era un tanto más parco. De todos modos fue un grato intercambio. Se puso mejor la historia en la segunda escala: un bar dominicano, dónde abundaba la cerveza Presidente, que no paraban de promocionar y ofrecer. Te regalaban una remera con la compra de una botella, y ese tipo de cosas. Obviamente no accedí a los combos del deseo y esperé llevármela de arriba. No funcionó, pero al menos el llavero destapador que ligué está piola. Ahí incorporé a un francés, Román, de las afueras de París. Éste tipo si me cayó bien, y así dejé atrás al alemán que intentaba charlar con unas brasileras que estaban en el lugar, sin ningún tipo de éxito visible. Había dos japoneses que estaban del orto, y daban color al diminuto bar. Alrededor de las 3, con el franchute saludamos a la multitud, y huimos con estilo mientras hablábamos de fútbol y compartíamos puntos de vista sobre la sociedad yankee que estábamos empezando a conocer de cerca. Era tarde para filosofía. Había sido un largo día.

martes, 29 de diciembre de 2009

Nueva York - Día 3

Desperté alrededor de las ocho de la mañana con el celular en este lunes 28 de septiembre. Lo había programado pensando en que tenía que desayunar algo antes de las nueve; hora en que debía estar listo en el lobby del hostel para el Dave's Downtown Tour. Así que bajé, compré un gran café y estuve listo a la hora indicada. Dave llegó diez minutos antes y se puso a reclutar a los gringos anotados por los pasillos del hostel. Resultamos ser unos pocos: una mina de Perú que lucía desganada, tres ingleses, un alemán, un yankee de Portland y yo. Nos contó más o menos de qué la iba el tour y arrancamos. Cuando llegamos al subte para ir hasta el final de la línea (o principio, según desde donde se lo vea) se unieron dos chinos (pareja) al grupo. Partimos en la línea uno, a las 10 de la mañana.

Dave es un sesentón copado; que vive en NY hace 25 años. Es oriundo de Madison, y además de éste, hace un tour por el Central Park. Habla bastante y va comentando cosas de la ciudad hasta que llegamos a Battery Park, punto de inicio de la caminata. En el metro me cuenta que visitó Argentina; fue a Bariloche a esquiar, conoció el Tronador desde adentro y fue solo un día a Buenos Aires. Pide que esperemos un subte porque viene medio lleno, pero nada de lo que yo me preocupe dada mi experiencia como fiel usuario de Metrovías y su calidad viajera.

Descendemos en Battery Park y rápidamente nos movemos hasta la costa donde divisamos la Estatua de la Libertad, en el horizonte neoyorquino. Aca me vengo a enterar que es un regalo de los franceses, mientras fotos mediante escucho la historia de los inmigrantes en Staten Island. Volveré y tomaré el ferry hacia ese lugar, desde donde dicen se obtiene una gran vista de Nueva York.

Al rato ya estamos merodeando el Financial District; Wall Street y todos los rascacielos aledaños. Pasamos también por el muelle; dónde contemplamos el puente de Brooklyn y nos movemos hacia Ground Zero. Hablé un rato con Dave sobre el 9-11, sin adentrarnos en política. Me cuenta casi con detalles cómo fue esa mañana en su vida, trabajando para una agencia de noticias, y mirando en la televisión con sus compañeros, casi incrédulos, todo lo que sucedía. Posteriores llamados de su madre, intento de contactar a amigos, y agradables noticias de no haber perdido a nadie ese día, aunque si lamentándo pérdidas ajenas. Son relatos que hielan un poco la piel, estando tan cerca a ese lugar donde años atrás sólo se veía horror y tragedia.

Con Dave giramos por casi todos los barrios del Downtown de NY y un poco más allá también. Comimos en Tribecca, pasamos por Little Italy, y bordeamos China Town. Nos adentramos en East Village, el Soho, Greenwich Village, terminando en Chelsea. Alrededor de las 16:30, Dave nos despedía y nosotros le arrojábamos una merecidísima aunque escueta propina. Retorné al hostel y me reconforté con una siesta hasta las 19:30, donde me dispuse a retornar a las calles después de una buena ducha.

Me acordé mucho de las palabras de un cliente, que me había recomendado visitar Times Square, pero no de día, si no más bien entrada la noche, una vez que las luces de los carteles, publicidades y gigantes LCDs brillaran en el cielo americano. Cuando me bajé del subte en la estación de Times Square, y asomé la cabeza a Broadway, me quedé pasmado. Atónito. No sabía para dónde mirar. Alejandro tenía razón. Estaba en el centro del mundo. Estaba en el medio de todo. Estaba inmerso en el corazón de un mundo aparte. A esa hora, todos los días en ese lugar, la ciudad se viste de gala. Tan sólo miraba para arriba y sacaba fotos, no sólo con la cámara, sino también con la retina.


Nueva York - Día 2

Era 27 de septiembre del corriente. Sí, septiembre, con Pe. Me desperté en el avión a eso de las seis y monedas; después de haber abierto los ojos en millones de momentos más durante el largo viaje de casi diez horas y otras tantas contracturas; que me pasarían factura durante el día. El vuelo aterrizó en horario en el JFK (terrible aeropuerto...casi una mini ciudad) y se venía la parte más hostil del asunto: pasar por migraciones. De los seis o siete policías que estaban como opción, el negro que me tocó a mi parecía, a priori, amigable. Vio el pasaporte, me hizo poner las huellas dactilares de ambas manos en un escáner, y antes de poner el sello me preguntó cuántos días pensaba quedarme, a lo cual respondí con la pura verdad. Acto seguido clavó el sello en tinta roja con la fecha de hoy en el pasaporte como quien marca una vaca con un fierro caliente.

Después de buscar la mochila fui a la terminal del Air Train (un tren que recorre por fuera y por dentro todo el aeropuerto, muy bien mantenido y bastante veloz). Llegué a la estación Howard Beach, donde pagué el viaje (se abona al final en este caso) y compré la Metrocard. Por siete días y veintisiete dólares, puedo subir y bajar las veces que quiera del subte y los bondis. Muy groso y conveniente. De otra forma, cada pasaje sale dos verdes, dos y medio quizás.

El día estaba horrible. Llovía. Un fresco domingo de otoño. Se veía muy poca gente en la estación. Unas cinco personas y un policía típico de Hollywood: calvo, con arma enfundada en un cinto repleto de cosas y hablando por handy. Una vez en el subte (al aire libre) me senté y liberé la mochila por un rato. Me topé con el primer especímen de USA: un afroamericano de barba y rastas rubias (pequeñas rastas) con una bandana en la cabeza, aproximadamente 1,85m de altura y un singular parecido a Mr. Eko (sólo para entendidos). Portaba uñas largas, paraguas violeta y una mochilita de un oso de felpa. Muy tierno el gay yankee. Nada que ver al estilo que inmortalizó Guido Suller.

Alrededor de cincuenta minutos después, o un poco menos, llegué a destino. Mi parada era 103 st. y ahi descendí, quedando a dos cuadras del hostel. Se intensificó el mal tiempo y se largó a llover con tutti en esas últimas, largas y putísimas dos cuadras. Cuandó finalmente abrí la puerta del hostel, alrededor de las 10 am, una de las recepcionistas me dijo que la reserva estaba ok, pero que el check in era a partir de las 16. La puta que los parió! Tengo sueño!

Fui a guardar el equipaje a unos armarios inteligentes que tienen, y crucé luego a una pizzería mexicana a tomar un café. Victimicé ferozmente el mini torta que traía en la mochila desde Baires con mucho gusto.

No tenía mucha idea de qué hacer, así que decidí ir al museo de Cs. Naturales que estaba a dos estaciones de subte de ahí. Aproveché a cambiarme las medias mojadas por unas baratísimas que me dieron en TAM y arranqué, algo más cómodo.

Llegué al museo y después de pagar U$S 10.- (sugerían U$S 12) y pasar el detector de metales...empecé la recorrida. La verdad es que el paseo vale la pena. Son cinco pisos de ciencia y algo de historia; con mucha tecnología y gran dedicación. Muy didáctico y educativo a la vez.

Me fui como a las 2:30 del museo. Y ya no llovía. Me topé con la Avenida Columbus donde había una feria que se extendía casi quince o veinte cuadras. La caminé ida y vuelta buscando qué comer. Me decidí por un bar pequeño pero amigable en una esquina, y ordené un sandwich de pavo, tomate y lechuga que devoré rápidamente.


Volví caminando por Amsterdam Av. y completé el check in en el hostel con otra recepcionista poca onda, de nombre Salomé. Abundan los latinos laburando en hostels, restaurants, etc; mezclando su idioma entre dientes con el inglés.

Me tocó la habitación 407, cama G. El último piso, pero la cama de abajo de la cucheta, tal como prefiero. Me fui topando con mis compañeros de cuarto: tres chinos (no se de qué nacionalidad, por eso la simplificación), un tipo que aparenta escandinavo y dos que le pegan en el palo; pero ni idea de dónde son realmente. Al último no le conozco la cara, así que no puedo arriesgar. Sólo intercambié algunas palabras con uno de los orientales; previo a una siesta reponedora.

Me anoté para un tour a la gorra mañana a las 9 por el Downtown y pregunté donde podía comer buena pizza. Me recomendaron "Mama's" en 109 st. y Amsterdam, con lo cual me dispuse a patear esas tres cuadritas. Pedí dos porciones y una coca. Las dos porciones eran un poco más que un cuarto de pizza de Argentina. Por cinco dólares, me pareció más que auspicioso. Comí rápido, una vez más, porque ya cerraban y volví al hostel. En el camino me crucé a un precioso loquito vestido en traje blanco y sombrero que cruzaba las calles al grito de "I love you!". Reí para mis adentros. Terminaba así un largo día (o largos dos días) y comenzaba mi primera noche en la Gran Manzana.

martes, 8 de diciembre de 2009

Sentí la paranoia, la persecución. Sentí los ojos posados en mí. Sentí la transpiración fría. Sentí lejos la partida, y distante la llegada. Sentí el aliento en la nuca. Sentí obstáculos. Sentí el peso del aire. Sentí las sombras alrededor.

Y cuesta.

martes, 17 de noviembre de 2009

El error que cometo

Mirar de cerca la cornisa es bordear la indignación, casi al límite. Quizás estemos asimilando la situación, pero no sabría si las condiciones están dadas para afirmarlo. El camino sugiere el puntapié del tablero, y de las piezas al mismo tiempo, disipadas por el éter.

Tal vez funcione. Pero tal vez haya un plan B.